Ni mucho calor para ser verano, ni mucho frio para ser
invierno, ni mucha constancia para ser otoño y menos mucha felicidad para ser
primavera; los días en Lima transcurren raros, raros pero a la vez consecuentes
con el estado de indecisión duda y falta de determinación de su gran mayoría de
habitantes, aunque puede que el estado y sucesión de los climas no tenga nada que
ver directamente con la forma de ser de quienes habitan estas parcelas sino mas
bien con las cantidades industriales de basura arrojadas al mar, los miles de
colchones quemados a la intemperie, o las ya toneladas de cascaras de mandarina
arrojadas a través del vidrio de una combi, puede que todo tenga que ver (tiene
que ver) o no, el caso es que hace cierto tiempo Lima amanece cual señora a
puertas de la menopausia, como una caja de sorpresas donde no sabes si te
tocara una lagartija disecada o una deslumbrante flor.
Esto en buena parte influye en la gente, a esta altura de mi vida me he dado
cuenta que la gente cambia (para bien o para mal) su estado de ánimo según cómo
ve el cielo mientras se asoma a la ventana, se predispone al malhumor, al mal
día, a los malos tratos es aquí cuando el dicho de que “Todo es relativo según
lo veas” cobra mayor sentido, todas las personas vivimos una realidad distinta
y paralela andamos como zombies compartiendo un mismo hábitat mientras lo que
habita en nuestra mente es totalmente distinto a lo que puede tener la persona
que tenemos al lado.
Lima en especial es como el edredón hecho con retazos que te
regalo la abuela, diferente por todos lados, bastante feo, pero adorable por el
empuje y constancia con las que se hizo; en menos de 30 minutos y por plena
avenida Evitamiento pasas de una realidad a otra, cual máquina del tiempo.

En este minuto de pausa no sé cuantas incoherencias he
escrito del clima y de los habitantes y de zombies, a veces escribo sin sentido ni dirección para luego enfocarme en cosas que de verdad me importan...digamos que es una suerte de
pensamiento que te hace divagar (esa vocecita que esta en tu cabeza mientras cruzas un parque sin música que te pueda distraer de ti mismo) y de pronto enfocarte, puro pensamiento tal
cual plasmado en bruto; el caso es que a mí no me gusta el invierno y
tampoco el verano, el otoño me parece
muy triste pero a la vez muy ilustrador
(lo viejo tiene que dejar de existir para dar paso a brotes vigorosos y
radiantes) cada hoja de árbol que cae hace pensar que es complicado que algo
obsoleto pueda coexistir con algo nuevo, aunque si lo analizo con detenimiento,
el tronco y las ramas que es la estructura más vieja de ese elemento permanece,
entera y firme para dar paso en sus extremos y año tras año a nuevos rebrotes.
Recuerdo que cuando escribí este post tenia pensado un sentimiento en especial, y era que a veces no sabes que esperar de las personas por mas que las conozcas, muchos conocemos personas perfectamente predecibles, que si les dices "A" sabes que responderán "B", lo que hasta cierto punto es un ancla hacia la estabilidad del entorno que es lo mas saludable, mas también hay del tipo de personas con las que "nunca se sabe", aquellos que queriendo o sin querer forjan y reafirman nuestra forma de ser, aquellos que cuestionan cosas a veces de la manera mas maleducada que encuentran, esos que puedes encontrar tanto en un supermercado como en tu propia casa (quizás ese técnico faltoso que te vino a poner cable).
El caso es que un poco de desorden y situaciones impredecibles le dan ese color a vidas tanto planas como aburridas, quizás parezca un poco forzada mi analogía con el clima pero inevitablemente es algo que influye en nosotros, es nuestro entorno, lo cierto es que en cada "fotografía" puedes admirarte de cosas que no verás en ninguna otra, un copo de nieve no coexiste con un botón de rosa, no se puede tener todo, en todo momento.
Admirar, aceptar y disfrutar es lo que se debe hacer.